Programas de Escuela de Espalda en el ámbito de la Medicina Laboral

23 de Septiembre de 2009 a las 15:47
Dr. Lorenzo Agudo, Médico Especialista en Rehabilitación y Responsable del Programa de Escuela de Espalda de Ibermutuamur

espalda

La Escuela de Espalda es considerada como “una forma de educación y entrenamiento que enseña los cuidados y los mecanismos corporales de protección de la columna vertebral, dirigida a personas con antecedentes personales de episodios dolorosos en sus diferentes regiones funcionales (cervical, dorsal y lumbo-sacra) o con factores de riesgo conocidos capaces de favorecer la aparición de un cuadro doloroso vertebral, con el objetivo de que puedan reanudar precozmente sus actividades habituales previas y eviten la aparición de nuevos procesos dolorosos”. El Dr. Lorenzo Agudo, médico especialista en Rehabilitación y responsable del Programa de Escuela de Espalda de Ibermutuamur, comenta la experiencia adquirida y los resultados obtenidos con la puesta en marcha de este método preventivo-terapéutico.
 
La Escuela de Espalda ha recorrido una larga distancia desde sus orígenes, no en vano son numerosos los años transcurridos desde la puesta en marcha de programas terapéuticos con las características que definen este método. Así, Han Kraus, en la década de los 50, describe un método de ejercicios sistemáticos – técnicas de relajación, estiramientos y entrenamiento muscular – encaminado a prevenir el dolor vertebral lumbar. Farhni, en 1966, preconiza la educación postural como método de control para el dolor de espalda, mientras que Marianne Zachrisson Forssell (1969) utiliza por primera vez el concepto de Escuela de Espalda (Back School) para definir un programa educativo para pacientes con dolor de espalda, dirigido básicamente a potenciar la habilidad del paciente para cuidar su espalda y combatir el dolor vertebral. En la década de los 70, surgen la “California Back School” y las “Canadian Back Education Units”, que recomiendan la educación y el entrenamiento en los cuidados y mecanismos corporales de protección, responsabilizando al paciente en el cuidado adecuado de su columna vertebral.
 
En España no debemos remontarnos tanto en el tiempo para conocer los resultados derivados de la aplicación de este programa dentro del sistema sanitario español, ya que en 1981, la Dra. Ibáñez en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, pone en funcionamiento la 1ª Escuela de Espalda que constituye sin lugar a dudas, el punto de partida para un prometedor servicio preventivo y terapéutico.

Desde entonces, se ha ido avanzando de forma lenta y progresiva en la instauración de este programa dentro de los servicios sanitarios que la medicina asistencial – pública y privada – pueden proporcionar a los usuarios que precisen esta modalidad de tratamiento. Hasta hace relativamente poco, los principales beneficiarios de estos programas eran en su mayoría pacientes de la 3ª edad, quienes recibían información teórico-práctica de todos los aspectos relacionados con la patología dolorosa vertebral, dentro de curso formativos específicamente desarrollados en Complejos Hospitalarios o Centros de Atención Especializada, variando el número de sesiones y el tiempo transcurrido entre las mismas en función de las peculiaridades del centro y la experiencia de los responsables del programa. Con posterioridad, se ha ampliado el abanico de destinatarios, incluyendo a pacientes de diferentes edades, diagnósticos y ocupaciones laborales.

Mas reciente aún es la incorporación de este servicio dentro del ámbito de la medicina laboral, en cierta manera condicionado según nuestra experiencia, a la gran diversidad existente en la edad, procesos patológicos vertebrales y profesiones de los trabajadores pertenecientes a las empresas protegidas, lo que en cierta manera podría dificultar la adecuada transmisión de la información contenida en el programa a todos ellos.

Sin embargo, tras analizar las ventajas y los inconvenientes que la puesta en funcionamiento de un servicio de estas características podrían tener en nuestra actividad asistencial habitual, finalmente se decide instaurar en Ibermutuamur el primer Programa de Escuela de Espalda, algo que sucede a principios del 2005 en Valladolid, dirigido por un lado a la prevención y tratamiento de la patología dolorosa vertebral en sus diferentes formas de presentación, y por otro, a valorar la idoneidad de contar con programas similares en otros centros de la red asistencial.

Tras una selección adecuada de los recursos materiales y personales necesarios para su puesta en marcha, inicia su andadura dicho programa con una doble finalidad claramente diferenciada: preventiva (encaminada básicamente a trabajadores con antecedentes personales de procesos patológicos previos a nivel vertebral o con factores de riesgo conocidos que pudieran facilitar el desarrollo de una patología dolorosa de columna, pero libres de síntomas en el momento de pasar por el programa) y terapéutica (dirigida a proporcionar información teórico-práctica relevante a trabajadores en situación de baja laboral como consecuencia de un proceso doloroso significativo a nivel vertebral).

Los resultados obtenidos con este programa en sus 2 primeros años de andadura son importantes en los diferentes aspectos valorados, incluyendo una mejoría en el nivel subjetivo de dolor y la repercusión funcional que esta sintomatología determina en el trabajador, un incremento en el porcentaje de reincorporación laboral precoz tras su paso por el programa, una reducción en el número de recaídas sintomáticas y un aumento en el porcentaje de satisfacción con el servicio prestado y la información proporcionada, tanto personal como empresarial.

Dichos resultados conducen a la Dirección Médica de Contingencias Profesionales a plantear la puesta en funcionamiento de nuevos programas con características similares, en diferentes centros de la red asistencial, con el claro objetivo de proporcionar este servicio al mayor número posible de nuestros trabajadores protegidos. Con esa intención, se inicia una ardua labor encaminada básicamente a analizar los centros que podrían cumplir con los requisitos mínimos necesarios para poner en marcha un servicio con estas características tan concretas y específicas. En dicho análisis, se recoge información tan diversa como el horario de funcionamiento del centro, la existencia de un espacio físico adecuado para el desarrollo de las diferentes sesiones teórico-prácticas que componen el programa, la presencia de medios audio-visuales y material adecuado para el desarrollo de las sesiones prácticas, disponibilidad de personal que no interfiera con el normal rendimiento del servicio prestado, población protegida, etc.

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